El paso tembloroso del caminante perdido desconcierta... Y entre avenidas de cipreses y suelos arenosos, a un lado y otro de la ciudad, descansan entre lápidas de granito y mármoles jaspeados, nombres que abrazan cadáveres somnolientos; sólo por un momento las ánimas descalzas se recuestan, arrobadas por los rayos mortecinos de un sol invernal de mediodía. ¿Alguno de ustedes conoce el remedio para desenterrar el amor de los que ya no están en este mundo?.
Espero, noble amigo, que el tono sombrio de estas líneas no reflejen el estado de tu espíritu, nada me entristecería más que fuese así. Las almas puras y enormes deben estar en consonancia con el mundo, con el pasado y el futuro, vivir el presente con la alegría de la simple existencia, la realidad de sentirse querido y amado.
Agur